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Fildemón Caversazzi
La utopía es como la verdad y como algunos villanos de Marvel: tiene muchas caras. Algunas más simpáticas, más coloridas, más rimbombantes. Otras no. De acuerdo a quién la postule, o quién intente desarrollarla, adquiere nuevas formas y significados.
Hablemos un poco hacer de la utopía como exilio, como querer salvarse de la responsabilidad de elegir vivir la vida.
Sabemos que la utopía, ese no-lugar privilegiado, ha ocupado un espacio central en un vasto sector de la literatura y las ideas desde hace siglos, hasta tal punto que prestigiosas revistas de hoy en día eligen presentarla como un tema de tapa. La utopía vendría a implicar el escape de una sociedad real hacia una imaginaria, y ese escape, precisamente, tiene características de exilio: porque el que se va lo hace en cierta manera expulsado por su entorno; porque el lugar al que se pretende llegar es desconocido; porque el retorno posterior siempre resulta imposible.
Claro, hay una pequeña diferencia: el exilio del que oímos hablar (o vivimos) diariamente es un hecho concreto, y la búsqueda de la utopía, por el contrario, es justamente eso: una búsqueda, algo que está ahí sin estar ahí. Como una olla al final del Arco Iris a la cual nunca se termina de llegar. Y sin embargo, muchas veces esa utopía no deja de ser un exilio autoimpuesto, una manera de alejarse de un todo para no tener que convivir con lo cotidiano de las emociones, los devenires, los pensamientos, las acciones.
La utopía, más allá de sus más eficaces prescripciones médicas, no deja de tener ese condimento de la negación, el olvido, el rechazo a vivir lo que está ahí, listo para ser vivido como algo real y tan lleno de contradicciones, algo impensable en las utopías más desarrolladas.
Tal vez haya llegado el momento de que los grandes teóricos empiecen a pensar cómo podemos hacer para introducir la entropía y el principio de incertidumbre en las utopías. O mejor aún: cómo hacemos para que algo de todas esas ideas absolutas de una vida mejor comiencen a formar parte de elecciones del día a día. 
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Año V
Número 28