“Süden”, Argentina, 2008.
Escrita y dirigida por Gastón Solnicki.
Roger Alan Koza
Se insiste una y otra vez que la música es un lenguaje universal. Es decir, un griego, un chino, un argentino, un escocés, pueden hablar distintas lenguas pero ante el universo sonoro todos comprenden y sienten lo mismo. Es un truismo y una extraña convalidación de un fenómeno difuso: la globalización de un sistema sonoro esencialmente homogéneo; si Hollywood es la matriz del cine, la MTV y sus derivados hacen lo suyo por la música.
La materia sonora es susceptible de ser dispuesta en múltiples formas. La música india y la música javanesa, por citar dos casos paradigmáticos, así lo demuestran, pero, sin apelar a un conveniente exotismo, en el propio seno de la música de Occidente existen expresiones que dan cuenta de que el lenguaje musical no se puede reducir a un universalismo abstracto y acomodaticio. La música de Kagel es un buen ejemplo de la versatilidad de los lenguajes musicales, evidencia contundente de que hay universos sonoros más allá de las armonías preestablecidas, las certidumbres melódicas y el paraíso de la canción.
Dice el músico argentino Mauricio Kagel, en la sutil e inteligente película de Gastón Solnicki: “La música contemporánea es la música de hoy, como producto del desarrollo del lenguaje musical. Un compositor se sienta a las nueve o diez de la mañana en su mesa de trabajo y está todo el día inventando música. Pero la gente que no hace música lo que desea profundamente es entretenerse. No dejan de estar influenciados por una cierta tendencia a consumir la música, no a repensar la música. Y ese entretenimiento usted no lo puede condenar… Lo que se necesita es ayudar al público, y llevarlo a reflexionar sobre la música. La música del siglo XX trae muchas preguntas. El oyente tiene que trabajar. Pero cuando entra en ciertas zonas espirituales de la música contemporánea, la música también actúa como una droga y la quiere volver a escuchar”.
La declaración de Kagel excede el campo de la música y bien se aplica al cine. No se trata de condenar a quien mira películas chatarra o reacciona con desprecio respecto de aquellas películas que pertenecen al nicho genérico del cine arte. Kagel percibe un obstáculo metodológico: no hay intercesores entre la música que entrena y no entretiene, falta una pedagogía del oyente para poder eventualmente instaurar una práctica y proponer así una experiencia con la música, acaso espiritual, si por esto se concibe un trabajo sobre la percepción sonora que afecta al sujeto en su relación con la totalidad del mundo. Nuevamente, se puede decir imágenes en vez de sonidos. El problema es el mismo: ¿cómo restaurar las facultades perceptivas de un sujeto intoxicado por un régimen audiovisual y sonoro en el que cine y música son mercancías inmateriales de consumo?
Süden es, en primera instancia, un documental sobre el esperado regreso del compositor argentino Mauricio Kagel, radicado en Colonia, Alemania, tras 40 años de no visitar su país. Invitado por el Centro de Experimentación del Teatro Colón en el 2006, Kagel vuelve a ver Buenos Aires, una ciudad que parece apreciar aunque no la ha elegido para vivir. El film no explicita por qué se fue décadas atrás, aunque indirectamente deja bien en claro el conjunto de desgracias que todo artista dedicado a la música contemporánea habrá de enfrentar si pretende ser fiel a su profesión y vivir en Argentina.
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Año V
Número 27